lunes, 13 de agosto de 2012

Noches de mayo

El silencio se rompió en aquella enorme mansión, con el rechinar de la puerta de entrada. Sin duda es él.

Se detiene sobre el tapete de entrada y se dirige hacia la chimenea, cerca de un aterciopelado y mullido sillón rojo; frena.

Su mirada proyecta melancolía y nostalgia. Vuelve los ojos al pasillo, para luego continuar su recorrido.

Sus pasos provocan eco por toda la residencia. Después pasa su pálida mano por una de las sillas rojas del comedor.

Luego camina hacia la amplia escalera hecha de madera que se encontraba empolvada y apolillada.

Mientras sube va recordando varios y felices momentos de su vida en ese. su hogar.

Después de esos trece escalones, se dirige a la habitación principal y luego de observarla toda, se asoma por la ventana que está cubierta por una cortina blanca, algo aterrada.

Su mirada se vuelve esta vez hacia el enorme jardín de su morada y su mirada, casi gris; se pone aún  melancólica.

Mientras comienza el sol a salir, un terrible frío invade su cuerpo, su cara hace una mueca de desesperación y terror.

Y otra vez se desvance poco a poco como todas las noches de mayo.

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