Y si… una vez más discutí con él…
¿sabes? tus palabras resultaron proféticas,
espero que estés contento…
Y es que cada que intento
olvidarte, resulta tan difícil…
Pensé que sería fácil volverme a
enamorar; como cuando un niño compra un juguete nuevo y se olvida del viejo,
así de fácil creí que era pero irremediablemente te tengo presente siempre.
Es por eso que no he logrado
enamorarme de él; no tiene tu sarcasmo, ni tu humor ni una mirada tan profunda
como la tuya. Por eso y por muchas cosas más, no he podido sacarte de mi vida.
Pero no te creas tan poderoso,
porque he logrado sacarte de mis sueños, sí así como lo escuchas ¿sabes cómo?
Me paso las noches despierta.
Sí así como cuando se espera con
desesperación la llegada de alguien, aunque… yo no te espero, porque sé que nunca
vendrás, pero están esas ansias inmensas de verte de nuevo… esas ansias que
hacen que te duela el estómago y se te revuelva el alma con un millón de
recuerdos.
A esas locas ansias, les pedí de
favor que se fueran, pero mis peticiones no fueron escuchadas, siguen aquí como
el primer día que te dejé de ver…
y es que son tan tercas, que sé que no se irán hasta que mis ojos puedan
verte, mi nariz olerte y mi cuerpo sentirte… no se irán hasta que me sacie de
ti.
Seamos sinceros, hablemos con la
verdad: ¿Qué es lo que me has dado para tenerme así? Es decir, no logro
entender porqué de la noche a la mañana te volviste tan indispensable, no
entiendo cómo es que me atreví a mandar mi orgullo a un viaje sin regreso. De
verdad que no entiendo cómo es que cuando mis amigos me trataban de despertar
de ese sueño, puse “mute” a mis oídos…
¿Cuándo vas a volver? Me haces
falta, aún conservo nuestros sueños guardados en aquella cajita de zapatos
debajo de mi cama ¿la recuerdas? Esos sueños que nos hacían que nos
levantáramos todas las mañanas con una sonrisa. Ahora sólo la miro abandonada
como queriendo desahogarse.
¿Sabes? Los amaneceres siguen
oliendo a ti... tal vez por ellos sea que aún me mantengo viva.
Aun sigues aquí pero dueles…