Es increíble todo lo que se puede hacer cuando te enamoras, como escribir una bonita carta, un lindo poema, un pensamiento…O increíblemente llorar con una canción…
Cuando te enamoras, las mariposas se vuelven parte de tu estómago y los suspiros se vuelven tu melodía favorita.
Por enésima vez pensaste que habías abandonado a la soledad y que nunca volverías a saber de ella…
Pero te tengo noticias: volverás a estar con ella.
Te darás cuenta de que nada es como lo imaginabas, que todo ha sido parte de tu imaginación revuelto con vómito y ganas de tomar café.
Comenzarás a hacerte ideas extrañas y cuestionarte más de lo normal, tomando como referencia las constelaciones de Venus y las galaxias de Marte.
Y tu mente te proyectará un sin fin de imágenes de lo que soñaste, lo que fue y lo que nunca será…
Desesperado, te fumas el penúltimo cigarrillo que hay en la cajetilla, como te fumaste el tiempo a su lado…apagas todas las luces, quedándote en penumbras, pues no te gusta que tu amigo que está colgado en la pared te vea llorar.
Sincronizas cada latido de tu corazón con un vals asquerosamente mortuorio, mientras vez por la ventana pasar al tren de las 12.
Y tu necesidad de sentirte amado se extingue poco a poco como un pez fuera del agua...que lentamente se queda quieto, tranquilo…
Después de un rato de sollozar en silencio, te da una cólera reconocer que lo dulce también mata, y que a eso que todos llaman “amor” es algo absurdo,
no entiendes su complejidad ni el porqué de su existencia.
Brindas una mirada irritable a tu amigo y le pides clemencia
y de paso otra cajetilla de recuerdos.
Tomas un trago de vino y vuelves a preguntarte una vez más, de porqué “eso” es tan importante y con algo de serenidad, tratas por última vez darte una respuesta nutrida:
Tu cabeza te lo dicta, tu sentir te lo dicta, su repugnante sonrisa te lo dicta…para reanimarte tomas otro trago de licor, y tratas de hacer una mejor retórica.
Comienzas a escribir el dictado que te regalan tus pensamientos, tus sentimientos y tu podrido corazón.
Te darás cuenta que con el amor, experimentarás diversas sensaciones, te sentirás enfermo de una excitante locura…
Pero después, se convertirá en un moustro que te irá devorando las entrañas, deleitándose con ese embriagante sabor a hierro que tiene la sangre, te irá secando el vientre y el pecho…
dejándote poco a poco a la deriva, sentenciándote a una muerte segura pero dolorosa.
Unos te querrán salvar, vendándote las heridas…otros rosearán jugo de limón y te esparcirán sal en ellas. Resurgirá otra vez el dolor que tardará un poco más en sanar.
Pronto entenderás que la muerte sólo fue temporal, que resucitarás, como lo hizo tu amigo de la pared.
Pero esto será hasta que la podredumbre y el olor a carne fermentada hayan desaparecido.
Y lo peor viene después…
vendrá alguien más y olvidarás toda esa pesadumbre que sentías, que te hacía llorar a horas inciertas y te quitaba el apetito…y sin más ni menos volverás a sentir las mismas sensaciones placenteras…
Después de eso, tu destino será predecible, te volverás a podrir.
Serás asquerosa carne humana muerta, caminando por todos los rincones de este mundo, terminándolo de llenar de inmundicia”
Y de pronto, te darás cuenta de que nada es como lo imaginabas, que todo ha sido parte de tu imaginación revuelto con vómito y ganas de tomar café.
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